Notas de redacción
Lo que quedó sobre la mesa cuando definimos el siguiente número de Reurti Music.
Publicado el 12 de marzo de 2025 · Lectura de 6 minutos
Cada mes, antes de cerrar la edición, nos sentamos a revisar qué temas merecen espacio y cuáles quedan para después. Esta vez la conversación giró alrededor de una pregunta incómoda: ¿estamos cubriendo la producción musical como se practica hoy o seguimos repitiendo fórmulas de hace diez años?
La respuesta no fue simple. Por un lado, hay técnicas de mezcla que siguen siendo la base de cualquier sesión seria. Por otro, los flujos de trabajo cambiaron: más gente trabaja con hardware compacto, samplers de escritorio y plugins que emulan cintas y saturación analógica. La brecha entre lo que se enseña y lo que se hace en el estudio es más ancha de lo que parece.
En la sesión revisamos tres temas concretos para el próximo número. El primero es un análisis de cómo los productores de música urbana integran grabaciones de campo en sus beats, no como adorno, sino como elemento estructural. El segundo es una comparación práctica entre mezclar en auriculares y en monitores de campo cercano, con ejemplos de cómo cambia la decisión de ecualización. El tercero, más cultural, aborda la relación entre la cultura de estudio y los espacios de ensayo compartidos en ciudades como Ciudad de México y Medellín.
Lo que más nos interesó fue la conversación sobre el sonido propio. No como concepto de marketing, sino como algo que se construye con decisiones pequeñas: qué sintetizador usás para el bajo, cómo tratás las voces, qué tipo de compresión preferís para la batería. Esas elecciones, repetidas edición tras edición, terminan definiendo una firma sonora.
El próximo número incluirá también una reseña de un ecualizador de canal basado en un clásico británico, y un tutorial de síntesis FM aplicado a pads y texturas. Nada de teoría abstracta: ejemplos de patches, archivos de audio y una explicación paso a paso de cada parámetro.
Si algo quedó claro de la reunión es que la revista no quiere ser un catálogo de novedades. Preferimos profundizar en lo que ya funciona, entender por qué funciona y compartirlo con quien está empezando o quiere refinar su proceso.
Una mirada honesta a los ajustes que hicimos en el flujo de mezcla tras escuchar el material con otros oídos.
Daniela Ríos
Ingeniera de mezcla y editora técnica
Cuando terminamos la primera versión de la mezcla para el EP de Norte Sur, sonaba bien en mis monitores. El problema apareció al día siguiente, cuando lo escuché en el auto y en unos audífonos económicos. Las frecuencias medias estaban cargadas y el bajo perdía definición en sistemas pequeños.
La revisión no fue un cambio de rumbo, sino una corrección de rumbo. Decidimos comparar contra tres referencias del mismo género y anotar diferencias concretas: presencia de la voz, pegada del kick y brillo general. Ese ejercicio cambió la forma en que abordamos el resto de la sesión.
Un high-pass a 28 Hz en el bus de graves limpió el subsin sin quitarle cuerpo. El kick ganó claridad sin perder presión.
Bajamos 2 dB de reducción en el compresor vocal y usamos automatización de ganancia. La interpretación respira más.
Cambiamos las pistas de referencia por temas con menos producción y más rango dinámico. El resultado fue más natural.
Lo más valioso de la revisión fue darnos cuenta de que no necesitábamos más plugins ni más procesamiento. Necesitábamos escuchar con intención y comparar contra algo real. El resto fue cuestión de paciencia y de confiar en lo que ya estaba grabado.
"Una mezcla no se termina cuando ya no puedes añadir nada, sino cuando ya no puedes quitar nada sin que pierda sentido."
La próxima entrega de esta serie documentará cómo aplicamos estas mismas lecciones a la masterización. El objetivo no es tener un sonido perfecto en un solo sistema, sino uno que funcione en todos los contextos donde la gente realmente escucha música.